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Cómo es una sesión de EPI ecoguiada, paso a paso

Hay lesiones que se enquistan. Mejoran un poco, se estancan y, en cuanto retomas la actividad, vuelven al mismo sitio. Si llevas semanas así y te hemos propuesto tratar esa zona con EPI, es normal que quieras saber qué vas a encontrarte antes de tumbarte en la camilla: si duele, cuánto dura, qué se siente. Aquí te lo contamos tal y como lo hacemos en consulta. Si lo que buscas es qué es la técnica y para qué lesiones la usamos, lo tienes desarrollado en nuestra página de EPI ecoguiada en Algete. En este artículo vamos a lo otro: a lo que vas a vivir tú.

Antes de pinchar, te explicamos qué le pasa a tu tejido

Lo primero no es la aguja. Antes de nada nos sentamos contigo y te explicamos qué está ocurriendo en esa zona que llevas tanto tiempo arrastrando. En muchas lesiones crónicas el cuerpo tiene las herramientas para reparar el tejido, pero se queda atascado en una especie de bucle: no termina de cerrar el proceso y la zona no acaba de curar. La EPI, más que “arreglarte” desde fuera, es un empujón para romper ese bucle y que tu propio cuerpo vuelva a ponerse a reparar.

Por qué lo hacemos con ecografía (y por qué te la enseñamos)

No pinchamos a ciegas. Usamos el ecógrafo que tenemos en consulta para llegar justo a la zona lesionada, y además te ponemos la pantalla delante para que veas tu propia estructura. Te señalamos dónde está el problema y cómo se ve, en un lenguaje sencillo. Parece un detalle menor, pero cambia mucho la sesión: entrar sabiendo qué te pasa y dónde da tranquilidad, y hace que entiendas por qué vamos a tratar precisamente ahí.

El pinchazo, paso a paso: qué vas a sentir

La parte de la aguja es rápida. Una vez localizada la zona, desinfectamos la piel con clorhexidina, el fisio se pone guantes y se introduce una aguja muy fina en el tejido lesionado. Por ahí aplicamos una corriente con el aparato de EPI. Lo hacemos de dos formas según el caso: o una corriente más suave repartida en series cortas hasta completar un par de minutos, o series de cuatro segundos con algo más de intensidad, cuatro o cinco veces. Es un tratamiento que se nota; puede resultar molesto durante el pinchazo, pero es un momento concreto y controlado, no algo que se alargue.

¿Y si me dan miedo las agujas?

Nos lo dices y ya está. Lo primero que preguntamos antes de una EPI es si tienes fobia a las agujas. Si la tienes, no te la hacemos: no hay ninguna técnica imprescindible, y en consulta tenemos muchas otras herramientas para tratar tu lesión. Y si empezamos y en algún momento no estás cómodo o quieres que paremos, paramos. También ayuda saber que la aguja de fisioterapia no tiene nada que ver con la de una inyección o un análisis: es tan fina que prácticamente entra por el poro de la piel, casi como un pelo.

Cuánto dura y cuántas sesiones vas a necesitar

La aplicación en sí es corta, pero la EPI no es de una sola vez. Con cada sesión generamos a propósito una pequeña inflamación en el tejido: es justo esa reacción la que rompe el bucle y reactiva la reparación. Ese ciclo tarda en completarse entre diez y catorce días, así que espaciamos las sesiones más o menos cada diez días. Lo habitual es necesitar entre tres y cinco sesiones para empezar a notar cambios. Que no lo notes el primer día no significa que “no funcione”: es que el proceso trabaja a ese ritmo.

Qué vas a notar después (las primeras 24-72 horas)

Te avisamos siempre: con la EPI puedes tener molestia o dolor durante la sesión y en las horas siguientes. No es que algo haya ido mal; es esa inflamación controlada que buscamos, y forma parte del proceso. Por eso el día del tratamiento te pedimos que no entrenes y estés tranquilo. A partir del día siguiente retomas los ejercicios que te haya pautado tu fisio, combinados con tu entrenamiento. Puedes hacer vida normal, aunque es normal notar los primeros días una bajada de rendimiento en esa zona. Todo eso va contemplado en el plan que te preparamos, adaptado a tu vida, tu nivel y tu deporte.

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La EPI, sola, no hace el trabajo

Una cosa importante para que no te lleves una idea equivocada: la EPI no es un botón mágico. Va dentro de tu sesión de fisioterapia, combinada con otras técnicas y con ejercicio. Cada herramienta aporta un estímulo distinto a la recuperación, y lo que de verdad da resultado es la combinación bien pensada, no una técnica suelta. La aguja abre la puerta; el ejercicio y el resto del plan son los que te llevan de vuelta.

El primer paso, si crees que es tu caso

Si llevas semanas con una lesión que no termina de irse, el primer paso no es pinchar: es valorar con ecografía si la EPI es lo que tu caso necesita o si hay un camino mejor. Eso lo vemos en una primera valoración, sin que te comprometa a nada. Puedes pedirla desde nuestra página de EPI ecoguiada en Algete o escribirnos contándonos qué te pasa y te decimos cómo lo enfocaríamos contigo.

Preguntas rápidas

¿Puedo entrenar el mismo día?

Mejor no. Ese día, tranquilo. Desde el día siguiente retomas los ejercicios pautados combinados con tu entrenamiento, al ritmo que te marque tu fisio.

¿Por qué hay que dejar días entre una sesión y otra?

Porque con cada sesión generamos a propósito una pequeña inflamación en el tejido, y el cuerpo necesita entre diez y catorce días para completar ese ciclo. Darle ese tiempo es parte del tratamiento.

¿Y si me dan miedo las agujas?

Nos lo dices antes de empezar. Si tienes fobia, no te la hacemos y tratamos tu lesión con otras herramientas. Y si empiezas y en algún momento quieres parar, paramos.

¿Notaré el cambio enseguida?

No siempre desde el primer día. La EPI trabaja reactivando la reparación del tejido, así que lo normal es ir notando la mejora a lo largo de las sesiones, no de golpe.

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